lunes, 24 de mayo de 2010

Mi perspectiva del mundo


Tratando de no perder la perspectiva del mundo observé un pequeño detalle: yo no tenía perspectiva. Como resulta imposible del todo perder algo que no tienes, he decidido creármela.
Lo primero que he hecho ha sido olvidarme de la calle y de todos los libros que leí, me he olvidado de los periódicos y de lo que dice la gente, y a mi madre es verdad que la escucho si me telefonea, pero no le hago ni caso. Voy a empezar desde abajo, sin nada, como dicen los muy entendidos, con el punto de partida puesto en el cero y con tan sólo el sudor de mi frente.
Esta misma mañana puse mis manos en la obra y me fui a saberlo todo de la casa en donde vivo, que es el mundo más cercano que tengo, y cuya perspectiva sería el primer escalón, la planta primera del rascacielos que debo subir andando, sin ascensores ni esos rollos. Busqué información en la cocina, en el salón, en el lavabo, en las habitaciones de mis compañeros de piso, y por fin la encontré en los bajos de los cajones, escondida entre otras mil cosas. Los libros de mi estantería los largué a cajas de cartón, y en su lugar puse la biblioteca que encontré, kilos de saber y secretos ignorados.

Voy a saberlo todo de mi casa, y me he cogido el manual de instrucciones del lavavajillas, el ordenador, la televisión, el frigorífico, el móvil, el aire acondicionado, el DVD, la TDT, la lavadora, el calentador, la impresora, la cámara de fotos, y también el de las pilas alcalinas de los mandos a distancia. Cuando acabe con esto tendré ya una pequeña perspectiva que no perderé, raíz filosofal de cualquier otra cosa.

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