viernes, 31 de diciembre de 2010

PASEANDO NAVIDADES


Paseo navidades por calles saturadas de luces
y me encuentro renos sufriendo carros,
camellos masticando efímeras flores de pascua.

Paseo navidades con escaparates adornados
y a veces me paro en las esquinas
a cantar villancicos sobre cartones,
a tocar la pandereta con entusiasmo.
Luego, abro la mano a los transeúntes
o me cuelo en sus copas de más
en las cenas de sus empresas.

Husmeo en el portal de mi casa,
en el papá no es si pende de un hilo
en el árbol de plástico de la entrada.

Paseo navidades,
encandilo lámparas de aceite
cuando están los perros en el umbral,
y ladran ya casi sin reconocernos
y hemos llevado al patio ya las varas,
las espuertas, varios miles de aceitunas,
y estamos en el quicio cerrando la casa del campo
y escondemos la llave bajo una teja rota,
un trozo de leña, una lata oxidada.

Paseo navidades,
husmeo polvorones en la cesta de mimbre,
mantecados que me dejaban una sed sin mesura
en el brillo incandescente de cuando niño.

Paseo navidades,
husmeo en el ahogo molesto del polvo dulce,
pero lo que se atraganta es un nudo de pena,
una tristeza muy honda,
un eco perdido en este vacuo presente
cuya sonoridad primigenia escaló los años desde la infancia
y que a estas horas, mangas verdes,
ida ya la rebeldía palpitante de la juventud,
es más malo su clamoroso ruido que un dolor,
por lo que de ilusiones obligadas tiene
toda esta parafernalia de sonrisas puestas,
de inmensas ganas de llorar.

martes, 28 de diciembre de 2010

CUANDO ERAS SOLDADO


Te persigue la muerte, Itamar, has llegado de muy lejos para decirme a qué sabe la carne del hombre, has llegado a mí para descubrirme que no sólo es carne, que es carne y es más, algo más que carne de cañón, que tripas llenas de barro por los suelos, algo más que una costilla sin adobo, más que los trozos de jamón que un día ensuciaron tu uniforme militar, algo más que corazones asados al fuego rápido de una bala, de una bomba, de un misil asesino.

Yo no tengo tu salvación, no la busques en mí porque yo no te puedo salvar, que te salve otro, que sea otro el que te salve porque yo estoy sin palabras, no sé bien qué decir.

Tú vienes rompiendo el silencio en medio de las ametralladoras y los tanques. Tu familia come hombres, dices, tu país come hombres, dices también, y tú los comiste una vez hace tiempo, cuando eras joven, intrépido, cuando eras soldado y eras patriota, cuando disparar te sentaba bien y por matar malos te daban dinero.

Qué tiempos aquellos, Itamar Shapira, cuando los espías no te seguían el paso, cuando tu país te quería como a un hijo, cuando aún tenías un lugar al que volver, una tierra, una casa.
Y qué mal, dices, qué peso, qué mal se portó contigo la conciencia.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La verdad más verdadera


Me dijeron que la verdad me haría libre
y la busqué.
Pero yo no quería la verdad,
lo que yo quería era ser libre,
unas alas enormes,
unas grandes alas para poder decir:
Me aburro,
creo que me voy a volar un rato”.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Imperfecciones


Este mundo es un asco, querido, y es un asco por ti, para qué lo vamos a negar, pero también por mí, porque soy incorregible en todo, en todas las cosas que te molestan de mí.

Un mundo perfecto no existe porque existes tú, que siempre estás del otro lado, a ver si te enteras, y existo yo, que te doy la espalda. Ya sé que dar la espalda es una chulería, de acuerdo, pero no te creas que tú no, porque tú me das la espalda, y si yo te la doy es también por esto, te lo aseguro.

El mundo es imperfecto, es idiota, es idiotamente perfecto porque no te quito del medio, porque te doy la vida, sí, porque no quiero que desaparezcas.

Te reconozco, te veo, quiero que existas.

Te concedo todo esto y mucho más por eso, porque me gusta este mundo elástico, inacabado, este mundo que está por hacer, que se está haciendo, que cada día es distinto por tus payasadas, por las mías.

viernes, 10 de diciembre de 2010

BUSCA A DIOS


—Conviértete —me dijo—. Busca a Dios como hago yo. Todavía estás a tiempo.

Y yo, que no sabía si convertirme en príncipe o sapo, abrí los ojos, lo escuché que muy, pero que muy impresionado, y fue tanta la impresión que casi me da algo.

Sobre todo cuando habló del mundo y sus males, de ese tipo de personas que son pecadores porque no lo buscan, y porque no lo buscan encuentran la venganza de Dios. Habló del hambre, de los terremotos, de las bombas que todavía tiran los fanfarrones. Fanfarrones para mí, claro, para él justicieros.

—Cuando lo encuentres —le dije yo—, me lo mandas.

Entonces fue él quien se espantó. Sobre todo cuando le dije: “Y dile a Dios que hace mucho que lo estoy buscando: me debe dinero, mucho dinero”.

Luego le expliqué (para que se tranquilizara), que esta tomadura de pelo, esta gran burrada en que estamos todos, se merece una indemnización. Una indemnización como dios manda: con su juicio, su banquillo de acusados, su sentencia, sus culpables.