Me he caído del cielo y ahora voy al revés de todo, entendedme, me pasó que subí para arriba, luego un poco más para arriba, y luego me dejé caer.
Voy por los ríos pero no voy al mar. En el mar estuve hace ya mucho tiempo, cuando me dejé llevar por la corriente. Yo era agua subterránea y rompí la tierra, y me abrí un camino al mar. Allí donde todas las aguas eran una llegué yo, estuve una temporada.
Voy por los ríos pero no voy al mar. En el mar estuve hace ya mucho tiempo, cuando me dejé llevar por la corriente. Yo era agua subterránea y rompí la tierra, y me abrí un camino al mar. Allí donde todas las aguas eran una llegué yo, estuve una temporada.
Y después tomé otra vez las desembocaduras, ahora las estoy tomando, estoy desandando todos los ríos, soy el agua que va a contracorriente, navegando otra vez tierra adentro con una voz muy mía, muy mía pero muy marítima también. Y muy celestial, tan celestial que hay veces en que parezco un santo o un angelito de esos que son muy santurrones, de esos angelitos que hablan con mucha inocencia y después te das cuenta que ni son angelitos, ni son santos, ni son la reconcha de su madre ni nada, que si en su voz hay cielo es porque estuvieron en el cielo, si hay tierra es porque se andaron la tierra, y si hay mar es porque esos locos estuvieron también en el mar, y se hicieron marítimos, tan marítimos que si no tienen escamas ni branquias es porque no las necesitan, porque saben sumergirse, porque saben nadar, que al fin de al cabo y hasta el fin de los tiempos es lo único que importa.
