Este poema lo escribí hace muchos años.
Luego vinieron otros amores. Pero la poesía se quedó.
Luego vinieron otros amores. Pero la poesía se quedó.
Aunque a veces seas
un poco como el oxígeno,
estás como una pera,
aunque a veces un poco oxidante,
otro catorce de otro febrero.
Lo sé no sólo
porque tu inmensa e increíble
sonrisa de recién venida al día
está un pelín más dulce
que hace un año por estas fechas.
Lo sé porque anoche
mientras pintábamos rubia
de cerveza la madrugada
te vi tan niña de vaqueros nuevos
que quién mordisquea a quién,
si el tiempo,
o todo te lo tragaste,
si desprevenido y con cáscara.
No sé si las frutas de tu calaña
tienen omega tres u omega seis,
si son isoflavonas
o fuente natural de calcio o vitaminas A o D.
Sí sé, por el contrario,
que en invierno o verano,
sola o acompañada de café,
contribuyes a mantener en mí una dieta equilibrada,
ayudándome
no sólo a regular los niveles de ansiedad,
sino, también,
a aliviar todos los síntomas que conlleva
este tipo extraño de existencia:
la humana.
