lunes, 22 de agosto de 2011

YO CREO EN LOS MILAGROS


Me gusta un cachondeo, para qué lo voy a negar, unas risas están bien y están mucho mejor si se tiene arte, si hay salero. Porque con un poquito de aquí, un poquito de allí, y un poquito de arte, con un poquito de esto y un poquito de aquello, pues unas risas están mucho mejor, porque logramos subir un escalón más, subimos un peldaño más para arriba en la escalera de las risas, y entonces nos echamos unas burlas.

Y unas burlas sí que sí, unas burlas ponen entre la espada y la pared a cualquiera. Y cualquiera se parte, se mea, se monda y se troncha de la risa por pura sorpresa, porque le hace gracia el sólo hecho de imaginarse al carajote que puso ahí una pared, le hace gracia también ver al otro carajote cómo cogió, desenfundó, y empuñó la espada.

Cualquiera se burla de todo a no ser que sea carajote, eso es lo que quiero decir, que todo es muy gracioso a no ser que uno sea un poquito memo, un poquito necio, porque los memos no saben qué es el humor ni se enteran de nada, son memos, no más, no tienen nada de lo que reirse, te ponen una espada y te ponen una pared, y entonces todo lo que te dejan decir tiene que estar entre medias, entre su espada y su pared, siempre dicen lo mismo, siempre es repetido.

Hay que ver lo que les gusta a los memos repetir, hay que fijarse en lo que les gusta un enterrador, repetir lo que los enterradores ya dijeron. Repiten y repiten y cuantas más paredes el enterrador le ponga a la vida, todo lo que ese enterrador escribe, habla, o deja dicho, más lo repiten y repiten, y repiten todavía más porque ellos están como muertos.

Los memos están muertos y quieren muerte para todos, que no se escape nadie. Repiten palabras muertas para que muramos también los otros, es decir, nosotros, los que molamos, los que estamos vivos, los que no somos carajotes porque nos reímos tanto, que nos reímos hasta de nuestra propia caraja. Porque pasa que uno puede tener una caraja así de grande, y sin embargo no ser para nada un carajote, porque se burla de su caraja, se ríe de su propia caraja un montón, que es lo guay, lo que mola.

La verdad es que nos están dejando a la altura de unos zapatos estos memos, estos necios nos dejan casi agonizando, sólo quieren para nosotros la extrema unción, convertirnos en repetidoras, repetidoras tipo loros o cacatúas. Y todo porque ellos son así, son loros y cacatúas, no tienen gracia. Están hechos unos desgraciados por una sencilla razón. Y también por un corazón sencillo. Son memos en cuerpo y alma.

Están encarajotados perdidos, son carajotes que no tienen solución. O sí. Quién sabe. Yo creo en los milagros. Lo mismo leen esto y se mean y se tronchan y se parten el culo de la risa a partir de ahora y de todo y para siempre. O no. Véte tú a saber. Creo en los milagros pero sólo si hay una especie de sincronicidad, es decir, que no puede haber paredes de por medio, ni mucho menos espadas. Y si las hay, todavía creo en los milagros si eres capaz de atravesar las paredes, o si eres capaz de que te atraviesen las espadas sin que te hagan ni el más mínimo rasguño, tú sabes. Y si no sabes, ríete y búrlate de todo, ya verás.

lunes, 15 de agosto de 2011

Y ESCRIBO, TENGO QUE ESCRIBIR


Ese chasquido, así es como se desata todo, con un chasquido que hace temblar la puerta de la calle, un crujido que se basta él solo para abrirla, y entonces todo pasa hacia dentro, el invierno, la calor, un fantasma, la fosforescencia ésa que tiene la primavera, lo que esté en la calle pasa, me invade, recorre con antorchas en mano mis laberintos, los pasillos, las habitaciones, enciende mi cerebro.

Y yo me pongo a tronar, una nube de tormenta soy, rayos eléctricos se rompen en mi cabeza, de neurona a neurona los noto, como ahora, que estoy relampagueando, como ahora todo se enciende y se apaga así, escandalosamente dulce, y si no es dulce al menos es bello, y si no es bello al menos es rítmico, eso es, hay un ritmo, todo baila con dulzura, con belleza o sin ellas pero con ritmo, el ritmo está siempre.

Y escribo, tengo que escribir porque algo pasó, algo cruzó a este lado, la puerta estaba abierta y algo llegó a mí y no puedo escapar porque escapar es trampa, tengo que ver qué quiere, si es inmenso hacerme inmenso, si es agua hacerme agua, huir aquí no vale, escribir es la única regla, el único juego hasta que amaine la tormenta, hasta que cese el ritmo, el huracán, yo bailo hasta que se acabe la música y vuelva la paz, el sosiego, hasta que nada me vuelva a importar, otra vez, ni lo más mínimo.

lunes, 8 de agosto de 2011

TÚ SERÁS TÚ Y SERÁS LIBRE


Tú sé natural, como tú eres, tú mismo. No hagas caso a nadie, y si te dan consejos, tú los escuchas, dices que sí a todo, y luego haces todo lo contrario. No es divertido, al menos no siempre, pero vas a descubrir algo, sabrás qué tipo de personas te rodean, el tamaño de sus locuras. Te dirán: “Es que no te comportas como una persona normal”.

No los escuches, que te dé el aire. La gente es muy buena gente, muy mala gente, y gente muy normal. Son normales en la bondad, normales en la maldad, y te puedes encontrar normales hasta en la sopa. Así que desengáñate, no te quieren, en realidad tampoco se quieren a ellos mismos. Te cuentan mentiras porque viven en la mentira, en el pensamiento único, no saben lo que dicen, se engañan de sol a sol, no paran.

Tú déjalos que sigan, perdónalos o no los perdones, pero no les hagas caso. Mientras ellos sigan así, tú serás tú y serás libre, y podrás entregarte de verdad, o reservarte de verdad para grandes ocasiones. Llegarás lejos.

No pierdas la fe y no hagas como los demás, déjate de rollos, déjate de palabras preciosas y mentiras relucientes, no te adornes, no nos engañes ni te vendas a nadie, no te mientas a ti mismo.

jueves, 4 de agosto de 2011

MIENTRAS CORRE EL VIENTO


Este aire se equivocó, éstas no son horas de soplar. Y no es porque sea verano y los veranos aquí sean un infierno, es que también el aire se ha equivocado de lugar, se ha colado en mi piso y a David se ve que esta intromisión le molesta, allanamiento de morada, debe estar maldiciendo David, que trata de echarse la siesta y ha salido ya como cuatro veces de su habitación, cuatro veces para cerrar bien la puerta del pasillo, que no para de abrirse y cerrarse, y que a pesar de los empeños de David sigue a lo suyo, la puerta no se está quieta ni en pintura, el aire la vuelve a abrir, el aire la vuelve a cerrar cada vez con más fuerza.

Este viento empezó a correr hace un rato. Escuché a alguien cantando en la plaza y me asomé al balcón. Entonces lo vi. Vi al viento levantado en la plaza. Los pinos y los naranjos y el chorro del agua de la fuente bailaban de lo lindo. Y vi también al cantaor. Cuando sopla el viento el cantaor viene a la plaza. Siempre es él, no hay otro. Se sienta en el borde de la fuente y toca su guitarra, y se pasa las horas de la siesta cantando flamenco, quejándose de pena en la soledad de la tarde, bajo la sombra de los árboles y mientras corre el viento, su voz lanzada al viento, su voz haciéndose viento también, silbando entre las hojas.

Y yo aquí echado en la cama, leyendo muy cerca del sueño y escuchando esa guitarra en el aire, en el aire un quejío, un murmullo de árboles, escuchando a David que no puede dormir por una maldita puerta, sorprendido de que haya algo cruzando por mi piso, de que un viento loco esté por la casa dando portazos, una y otra vez, a la hora de la siesta.