Me gusta un cachondeo, para qué lo voy a negar, unas risas están bien y están mucho mejor si se tiene arte, si hay salero. Porque con un poquito de aquí, un poquito de allí, y un poquito de arte, con un poquito de esto y un poquito de aquello, pues unas risas están mucho mejor, porque logramos subir un escalón más, subimos un peldaño más para arriba en la escalera de las risas, y entonces nos echamos unas burlas.
Y unas burlas sí que sí, unas burlas ponen entre la espada y la pared a cualquiera. Y cualquiera se parte, se mea, se monda y se troncha de la risa por pura sorpresa, porque le hace gracia el sólo hecho de imaginarse al carajote que puso ahí una pared, le hace gracia también ver al otro carajote cómo cogió, desenfundó, y empuñó la espada.
Cualquiera se burla de todo a no ser que sea carajote, eso es lo que quiero decir, que todo es muy gracioso a no ser que uno sea un poquito memo, un poquito necio, porque los memos no saben qué es el humor ni se enteran de nada, son memos, no más, no tienen nada de lo que reirse, te ponen una espada y te ponen una pared, y entonces todo lo que te dejan decir tiene que estar entre medias, entre su espada y su pared, siempre dicen lo mismo, siempre es repetido.
Hay que ver lo que les gusta a los memos repetir, hay que fijarse en lo que les gusta un enterrador, repetir lo que los enterradores ya dijeron. Repiten y repiten y cuantas más paredes el enterrador le ponga a la vida, todo lo que ese enterrador escribe, habla, o deja dicho, más lo repiten y repiten, y repiten todavía más porque ellos están como muertos.
Los memos están muertos y quieren muerte para todos, que no se escape nadie. Repiten palabras muertas para que muramos también los otros, es decir, nosotros, los que molamos, los que estamos vivos, los que no somos carajotes porque nos reímos tanto, que nos reímos hasta de nuestra propia caraja. Porque pasa que uno puede tener una caraja así de grande, y sin embargo no ser para nada un carajote, porque se burla de su caraja, se ríe de su propia caraja un montón, que es lo guay, lo que mola.
La verdad es que nos están dejando a la altura de unos zapatos estos memos, estos necios nos dejan casi agonizando, sólo quieren para nosotros la extrema unción, convertirnos en repetidoras, repetidoras tipo loros o cacatúas. Y todo porque ellos son así, son loros y cacatúas, no tienen gracia. Están hechos unos desgraciados por una sencilla razón. Y también por un corazón sencillo. Son memos en cuerpo y alma.
Están encarajotados perdidos, son carajotes que no tienen solución. O sí. Quién sabe. Yo creo en los milagros. Lo mismo leen esto y se mean y se tronchan y se parten el culo de la risa a partir de ahora y de todo y para siempre. O no. Véte tú a saber. Creo en los milagros pero sólo si hay una especie de sincronicidad, es decir, que no puede haber paredes de por medio, ni mucho menos espadas. Y si las hay, todavía creo en los milagros si eres capaz de atravesar las paredes, o si eres capaz de que te atraviesen las espadas sin que te hagan ni el más mínimo rasguño, tú sabes. Y si no sabes, ríete y búrlate de todo, ya verás.
Y unas burlas sí que sí, unas burlas ponen entre la espada y la pared a cualquiera. Y cualquiera se parte, se mea, se monda y se troncha de la risa por pura sorpresa, porque le hace gracia el sólo hecho de imaginarse al carajote que puso ahí una pared, le hace gracia también ver al otro carajote cómo cogió, desenfundó, y empuñó la espada.
Cualquiera se burla de todo a no ser que sea carajote, eso es lo que quiero decir, que todo es muy gracioso a no ser que uno sea un poquito memo, un poquito necio, porque los memos no saben qué es el humor ni se enteran de nada, son memos, no más, no tienen nada de lo que reirse, te ponen una espada y te ponen una pared, y entonces todo lo que te dejan decir tiene que estar entre medias, entre su espada y su pared, siempre dicen lo mismo, siempre es repetido.
Hay que ver lo que les gusta a los memos repetir, hay que fijarse en lo que les gusta un enterrador, repetir lo que los enterradores ya dijeron. Repiten y repiten y cuantas más paredes el enterrador le ponga a la vida, todo lo que ese enterrador escribe, habla, o deja dicho, más lo repiten y repiten, y repiten todavía más porque ellos están como muertos.
Los memos están muertos y quieren muerte para todos, que no se escape nadie. Repiten palabras muertas para que muramos también los otros, es decir, nosotros, los que molamos, los que estamos vivos, los que no somos carajotes porque nos reímos tanto, que nos reímos hasta de nuestra propia caraja. Porque pasa que uno puede tener una caraja así de grande, y sin embargo no ser para nada un carajote, porque se burla de su caraja, se ríe de su propia caraja un montón, que es lo guay, lo que mola.
La verdad es que nos están dejando a la altura de unos zapatos estos memos, estos necios nos dejan casi agonizando, sólo quieren para nosotros la extrema unción, convertirnos en repetidoras, repetidoras tipo loros o cacatúas. Y todo porque ellos son así, son loros y cacatúas, no tienen gracia. Están hechos unos desgraciados por una sencilla razón. Y también por un corazón sencillo. Son memos en cuerpo y alma.
Están encarajotados perdidos, son carajotes que no tienen solución. O sí. Quién sabe. Yo creo en los milagros. Lo mismo leen esto y se mean y se tronchan y se parten el culo de la risa a partir de ahora y de todo y para siempre. O no. Véte tú a saber. Creo en los milagros pero sólo si hay una especie de sincronicidad, es decir, que no puede haber paredes de por medio, ni mucho menos espadas. Y si las hay, todavía creo en los milagros si eres capaz de atravesar las paredes, o si eres capaz de que te atraviesen las espadas sin que te hagan ni el más mínimo rasguño, tú sabes. Y si no sabes, ríete y búrlate de todo, ya verás.


