
Tú lo sabes, Roberta, y tú también, Peter, y Pruden y Marce y Miki y Carlos y tú, Sara, tú no eres tonta, Sara, tú ves siempre más allá, siempre miras desde una azotea o un décimo-tercer piso, o desde una montaña, qué se yo, para arriba te vas siempre y desde allí miras la calle, los trapicheos, la gente, siempre miras con tus ojos de bruja como si lo vieras todo, como si supieras qué pasa dentro, cómo somos por fuera.
Los libros todos vosotros los habéis leído, pero no sois los libros. Sois la imaginación, la libertad, hacéis mundos fantásticos dentro de este mundo. No sois como esas señoritas de visón que abrigan collares y limousine, y se creen que lo vuestro es libertinaje.
Libertinaje es lo suyo, que no inventan nada, que no hacen nada, libertinaje es lo que dicen cuando se plantan en la puerta de los cines, los teatros, las ferias del libro, cuando asisten a los estrenos que les hacen sus técnicos de cultura, cuando sólo ven y nunca ven más allá de su propio ombligo, lo que dicen cuando les preguntan: “¿Señorita, cómo está usted?”.
—Pues divina —contestan halagadas—. El mundo es un sitio donde se vive muy bien, o sea, todo es maravilloso.
Los libros todos vosotros los habéis leído, pero no sois los libros. Sois la imaginación, la libertad, hacéis mundos fantásticos dentro de este mundo. No sois como esas señoritas de visón que abrigan collares y limousine, y se creen que lo vuestro es libertinaje.
Libertinaje es lo suyo, que no inventan nada, que no hacen nada, libertinaje es lo que dicen cuando se plantan en la puerta de los cines, los teatros, las ferias del libro, cuando asisten a los estrenos que les hacen sus técnicos de cultura, cuando sólo ven y nunca ven más allá de su propio ombligo, lo que dicen cuando les preguntan: “¿Señorita, cómo está usted?”.
—Pues divina —contestan halagadas—. El mundo es un sitio donde se vive muy bien, o sea, todo es maravilloso.



