martes, 28 de junio de 2011

UN ALMA QUE LES DIGA


Tú dices, los árboles no saben que existen, y podíamos tirarnos así toda la noche, discutiendo sobre esto. Me dices que te ponga en los labios otro beso, que eso piensas tú a los taitantos años y todavía hoy subes a los eucaliptos, a los álamos, te encaramas a los árboles.

Yo también salto de rama en rama, tú, te digo, y me siento en la más alta, y allí miro los pájaros o miro las hojas, allí escucho al viento.

Los árboles no saben que existen, y ahora dices que quizás se lo imaginan. Ea, venga, pasemos así toda la noche.

Necesitan de una tonta enamorada, me dices, una tonta como tú que los raje y les dé un alma. Un alma, tú, un alma que les diga: “Te amaré siempre”.

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