jueves, 21 de abril de 2011

¿SEMANA SANTA AL FERIAL?


Lo escucho mucho, lo he visto en pintadas callejeras y lo he visto en pegatinas. Hay mucha gente que lo dice: “¡Semana Santa al Recinto Ferial ya!”.

El otro día, mismamente, un personaje decía sin pudor, pero con gracia, que la Semana Santa era tan igual, tan parecida en el fondo a la feria, que quería mandar todas las procesiones al Recinto Ferial, y que una vez allí pues que se pusieran a darle vueltas a aquello, hasta que se aburrieran o con un horario preconcebido.

A muchos, esto les cayó como el agua fría, les pareció bárbaro. A otros muchos lo que les pareció bárbaro fue la falta de humor, que todo el mundo no pudiera entender la gracia, no pudiera estar a la altura y tener la clase y la hechura y esa cosa que ellos sí tenían.

Y aún con esa gracia que algunos no tienen, y aún con esa desvergonzada ironía que les sobra a otros, yo creo que podíais entenderos, son dos formas de mirar la vida. ¿No sería mejor volver a como era antes? ¿Volver a traeros la feria y la alegría otra vez a las calles, otra vez a la ciudad?

Y los que pintan la vida como un valle de lágrimas, los que se regocijan participando en el sufrimiento y el asesinato de quien proclamó el vino, la tapita y el pan como sagrados, pues que no se regocijen en un recinto ferial frío y lejano si no quieren, de acuerdo, que se regocijen en la ciudad, pero que no les quiten a los otros, a los espectadores sin palco ni asientos en carrera oficial, que no les quiten la feria de las calles, que los dejen pasar, que no les quiten la alegría.

martes, 19 de abril de 2011

LA PRIMERA PIEDRA


Si alguien cree en esto o esto otro, por favor, que levante la mano. Yo iba a decir que tirara la primera piedra. De hecho, lo primero que escribí fue: “Si alguien cree en esto o esto otro, por favor, que tire la primera piedra”.

Luego volví a esas palabras y no me gustaron. No me gustaron porque seguro que alguno tiene muy buena fe, coge la piedra, y se la tira a alguien.

No montemos una buena lapidación con una mala excusa, y si la montamos con una buena excusa que sea sin piedras, que sea con palabras o pequeños gestos, o con grandes gestos, o con flores, eso es, montemos una buena florescencia, florezcamos.

Dejemos ya de ser unos capullos y explotemos la belleza para afuera, animales, que es lo que somos muchos, que nos dijeron que el hombre era un animal racional y nos comportamos así, como animales, que nos gusta tanto una lapidación que me obligáis a mí a hablar de flores, flores en esto que digo, porque si hablo de piedras capaces somos de lo más malo, de lo peor.

sábado, 9 de abril de 2011

LAS LLAVES COMO QUE NO


He mirado en todos lados, he vuelto del revés la casa y las llaves no aparecen, es como si se las hubiera tragado el piso. Abrí la puerta de abajo, miré si había cartas por los suelos y todas eran del banco y para el vecino, al vecino lo han cogido bien de dónde te cogen y me alegré de que a nosotros no, y subí las escaleras. Hasta ahí bien, hasta ahí tenía las llaves porque abrí la puerta de arriba, porque como veis estoy dentro y llevo toda la tarde aquí, al principio leyendo un poco y luego después buscándolas, más de media tarde revolviéndolo todo y nada.

No digáis que me las dejé puestas porque no, porque vosotras habéis entrado y porque fue lo primero que se me ocurrió, que las llaves estuvieran puestas en su sitio, encajadas en su lugar en el mundo.

He mirado en tu cuarto, Alessia, y he mirado en el tuyo, Sara, he mirado en vuestras habitaciones a pesar de que no recuerdo haber estado en ellas, imaginaos, haceos una imagen de hasta dónde he buscado: no ha habido cajón que se me resista.

Ahora sé donde está todo, hasta las cosas más olvidadas sé dónde están, lo he encontrado todo menos las llaves, no me explico esta caraja pero están aquí, en casa, seguro, de eso no tengo dudas.