
Lo escucho mucho, lo he visto en pintadas callejeras y lo he visto en pegatinas. Hay mucha gente que lo dice: “¡Semana Santa al Recinto Ferial ya!”.
El otro día, mismamente, un personaje decía sin pudor, pero con gracia, que la Semana Santa era tan igual, tan parecida en el fondo a la feria, que quería mandar todas las procesiones al Recinto Ferial, y que una vez allí pues que se pusieran a darle vueltas a aquello, hasta que se aburrieran o con un horario preconcebido.
A muchos, esto les cayó como el agua fría, les pareció bárbaro. A otros muchos lo que les pareció bárbaro fue la falta de humor, que todo el mundo no pudiera entender la gracia, no pudiera estar a la altura y tener la clase y la hechura y esa cosa que ellos sí tenían.
Y aún con esa gracia que algunos no tienen, y aún con esa desvergonzada ironía que les sobra a otros, yo creo que podíais entenderos, son dos formas de mirar la vida. ¿No sería mejor volver a como era antes? ¿Volver a traeros la feria y la alegría otra vez a las calles, otra vez a la ciudad?
Y los que pintan la vida como un valle de lágrimas, los que se regocijan participando en el sufrimiento y el asesinato de quien proclamó el vino, la tapita y el pan como sagrados, pues que no se regocijen en un recinto ferial frío y lejano si no quieren, de acuerdo, que se regocijen en la ciudad, pero que no les quiten a los otros, a los espectadores sin palco ni asientos en carrera oficial, que no les quiten la feria de las calles, que los dejen pasar, que no les quiten la alegría.
El otro día, mismamente, un personaje decía sin pudor, pero con gracia, que la Semana Santa era tan igual, tan parecida en el fondo a la feria, que quería mandar todas las procesiones al Recinto Ferial, y que una vez allí pues que se pusieran a darle vueltas a aquello, hasta que se aburrieran o con un horario preconcebido.
A muchos, esto les cayó como el agua fría, les pareció bárbaro. A otros muchos lo que les pareció bárbaro fue la falta de humor, que todo el mundo no pudiera entender la gracia, no pudiera estar a la altura y tener la clase y la hechura y esa cosa que ellos sí tenían.
Y aún con esa gracia que algunos no tienen, y aún con esa desvergonzada ironía que les sobra a otros, yo creo que podíais entenderos, son dos formas de mirar la vida. ¿No sería mejor volver a como era antes? ¿Volver a traeros la feria y la alegría otra vez a las calles, otra vez a la ciudad?
Y los que pintan la vida como un valle de lágrimas, los que se regocijan participando en el sufrimiento y el asesinato de quien proclamó el vino, la tapita y el pan como sagrados, pues que no se regocijen en un recinto ferial frío y lejano si no quieren, de acuerdo, que se regocijen en la ciudad, pero que no les quiten a los otros, a los espectadores sin palco ni asientos en carrera oficial, que no les quiten la feria de las calles, que los dejen pasar, que no les quiten la alegría.
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