martes, 10 de mayo de 2011

LOS OTROS TAMBIÉN


Si vas despacio te alcanzan, si vas deprisa te esperan, y eso es así y es una regla universal que yo digo, y abarca a todos sin excepción y en todas las condiciones: “Si piensas que no, llámame. Tengo un teléfono para aludidos”.

Otra cosa es que estés chalao, que seas un loco de esos de remate y te entren cosas del tipo: “Tengo miedo, ¿quiénes son? ¿Pero a mí me va a pasar algo?”.

Eso no, nene, no pienses así, déjate de juegos o juega a otra cosa que estás hecho ya un hombre: los otros también te alcanzan, los otros también esperan.

martes, 3 de mayo de 2011

MI OBRA MAESTRA


Casi todos mis jefes me han pagado en sucio. Eso es lo que yo soy, un sucio. Sucio pero contento, no te vayas a equivocar, no vengas a decirme lo mismo que a Manuel o Agustín, no me digas tú, llena de perfumes y desodorantes exóticos, ni se te ocurra repetirme lo que a ellos, que viven en la calle:

Huy, señor, usted huele mucho”.

No me digas esto porque:

Perdona, bonita, la que huele eres tú. Yo apesto”.

Y apesto a sudor. Un sudor que no viene del gimnasio, ni del partido de fútbol que jugué esta tarde, ni de la carrera que me eché corriendo en soledad ayer mañana. Mira que puedo ser lo que quiera y no soy buen deportista, ni malo, el carácter deportivo pasa a través de mí y me traspasa, me resbala.

Mi sudor es otra cosa, no es como el tuyo, mi sudor viene de antes, mi sudor baja las escaleras del tiempo. Apesto a hombre, mírame a la cara, en mi piel se escribe el mundo, vengo de generaciones hambrientas, de los esclavos, vengo del polvo. Mira el mundo, las calles, los caminos, la tierra labrada, las paredes de tu casa, las pirámides que hice para enterrarte.

Mira tu tumba, faraona. No la hiciste tú, la hicieron mis muertos, son obra mía, mi gran obra maestra.