jueves, 24 de marzo de 2011

HACERME EL LOCO


Yo puedo decir lo que quiera, hacerme el loco, pensar que la verdad no existe, que sólo existe la mentira y es ella la que anda ahí fuera, y la que anda o pasea o corre vertiginosamente aquí dentro, por todos lados, dentro de mí pasa la mentira como pasa la sangre, y también dentro de ti, porque si digo que está en todos lados es que está en todos lados, y no vale echarme atrás un paso, dos, trece, y por eso tú y yo también somos lados, lados en este lugar, ése que yo digo que es mentira porque está lleno de mentiras, y una mentira puesta sobre otra y otra sumada a otra y así hasta el infinito todos sabemos que sólo puede dar como resultado una cosa: la gran mentira.

Yo puedo pensar esto si quiero, puedo decirlo todo lo alto o todo lo bajo y a escondidas que yo quiera, decírselo a todos o andarme con secretos, como hacen algunos, mantener una conspiración y decírselo sólo a quien a mí y sólo a mí me parezca bien, a quien me crea o me dé la gana.

Lo hago, pienso y digo lo que quiero. Pero yo no estoy para conspiraciones, no he caído tan bajo como para engañar a nadie: decir que todo es mentira es hacer teatro porque no es así, eso no es verdad, yo digo que es mentira.

martes, 15 de marzo de 2011

TU QUERIDO DINERO


La casa de mi dinero no es mi casa, es el banco, y mi locura me dice también que el dinero sabe esperar, que el dinero aprendió a estar siempre ahí, obediente, anhelando sin prisa mi llamada, esperándome en el banco.

Te pasará a ti también, imagino. Imagino que sabes como yo, que sabes con certeza que bancos y buenas intenciones no riman en nada.

Imagino que por cosas de locos también tu dinero, ése que te mata el hambre y la vida trabajando, tu querido dinero, crees que está menos protegido en tu casa, y mucho más seguro, más tranquilo, sentado en el confortable sofá de una casa ajena.

jueves, 10 de marzo de 2011

QUÉ LINDO CUANDO SOPLO


Soplo, pero qué lindo cuando soplo, cuando me viene la tristeza y se me escapa un suspiro, y no quiero suspiros ni quiero días tristes y me pongo a soplar, desato un huracán que coge a la tristeza y la arrastra lejos, de este lado al otro confín.

Soplo. Los suspiros no son para mí. Ni tampoco el miedo que tú me das. Que me lo quito soplando, así, buff, buff, así te arranco ese temido antifaz y veo lo que eres, tu lata de pintura negra con que lo pones todo perdido.

Pero habla. Di algo. Deja ya de ensuciar y habla aunque sea a solas. Pregúntate por qué demonios estás tú y muchos como tú en la oscuridad, qué hacéis ahí, ciegos, buscando y siempre buscando con una mosca detrás de la oreja. Pregúntate por qué demonios estás siempre por enterrar, siempre buscando qué se ha movido. Me he movido yo. Se ha movido la plaza. Es de día.

¿Pero qué obsesión tienes tú con poner cada cosa en su sitio?
Si estás a oscuras, ¿no lo ves?
¿Es que no ves la luz, hermano?

Y tú ahí buscando en el pasado. Buscando qué se ha movido en esta plaza, loco por enojarte hoy, enojado y loco porque hay cosas que se han perdido, cosas que antes había.