sábado, 25 de junio de 2011

LA LARGA NOCHE DE LOS MUERTOS


Hay hombres que se despiertan y toman café, tostadas, magdalenas o lo que sea, hay gente desayunando, cogiendo fuerzas para un nuevo día. Hay muchos que salen de la cama y sueñan con la libertad, la justicia y la paz. Hay gente que no duerme para soñar. Porque si los sueños se cumplen para qué dormir, para qué dormir si la vida es un sueño.

Despierta, dicen estos soñadores, despierta y sueña, no dejes de soñar.

No dejes de soñar porque hay otros hombres, otros que ensucian la vida y te dicen: “Estos son mis sueños y son también los vuestros”. A esta gente, a estos predicadores de lo turbio lo que les gusta es enfangarnos en su pesadilla. Y por eso no están para despertar a nadie. Porque si queréis sueños habéis de largaros otra vez a dormir, todos de nuevo a la cama. Qué otra cosa vais a hacer para soñar, dicen, qué otra cosa podéis hacer que no sea echaros de nuevo a dormir.

Dormir. Esa muerte que no es muerte porque es muerte dulce. Dormir. Esa muerte que siempre les ha venido muy bien a los que ponen precio y fronteras al mundo. Un mundo lleno de muertos. Muertos pero vivientes, vale. Un mundo de muertos vivientes.

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