viernes, 31 de diciembre de 2010

PASEANDO NAVIDADES


Paseo navidades por calles saturadas de luces
y me encuentro renos sufriendo carros,
camellos masticando efímeras flores de pascua.

Paseo navidades con escaparates adornados
y a veces me paro en las esquinas
a cantar villancicos sobre cartones,
a tocar la pandereta con entusiasmo.
Luego, abro la mano a los transeúntes
o me cuelo en sus copas de más
en las cenas de sus empresas.

Husmeo en el portal de mi casa,
en el papá no es si pende de un hilo
en el árbol de plástico de la entrada.

Paseo navidades,
encandilo lámparas de aceite
cuando están los perros en el umbral,
y ladran ya casi sin reconocernos
y hemos llevado al patio ya las varas,
las espuertas, varios miles de aceitunas,
y estamos en el quicio cerrando la casa del campo
y escondemos la llave bajo una teja rota,
un trozo de leña, una lata oxidada.

Paseo navidades,
husmeo polvorones en la cesta de mimbre,
mantecados que me dejaban una sed sin mesura
en el brillo incandescente de cuando niño.

Paseo navidades,
husmeo en el ahogo molesto del polvo dulce,
pero lo que se atraganta es un nudo de pena,
una tristeza muy honda,
un eco perdido en este vacuo presente
cuya sonoridad primigenia escaló los años desde la infancia
y que a estas horas, mangas verdes,
ida ya la rebeldía palpitante de la juventud,
es más malo su clamoroso ruido que un dolor,
por lo que de ilusiones obligadas tiene
toda esta parafernalia de sonrisas puestas,
de inmensas ganas de llorar.

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