martes, 28 de diciembre de 2010

CUANDO ERAS SOLDADO


Te persigue la muerte, Itamar, has llegado de muy lejos para decirme a qué sabe la carne del hombre, has llegado a mí para descubrirme que no sólo es carne, que es carne y es más, algo más que carne de cañón, que tripas llenas de barro por los suelos, algo más que una costilla sin adobo, más que los trozos de jamón que un día ensuciaron tu uniforme militar, algo más que corazones asados al fuego rápido de una bala, de una bomba, de un misil asesino.

Yo no tengo tu salvación, no la busques en mí porque yo no te puedo salvar, que te salve otro, que sea otro el que te salve porque yo estoy sin palabras, no sé bien qué decir.

Tú vienes rompiendo el silencio en medio de las ametralladoras y los tanques. Tu familia come hombres, dices, tu país come hombres, dices también, y tú los comiste una vez hace tiempo, cuando eras joven, intrépido, cuando eras soldado y eras patriota, cuando disparar te sentaba bien y por matar malos te daban dinero.

Qué tiempos aquellos, Itamar Shapira, cuando los espías no te seguían el paso, cuando tu país te quería como a un hijo, cuando aún tenías un lugar al que volver, una tierra, una casa.
Y qué mal, dices, qué peso, qué mal se portó contigo la conciencia.

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