
Yo no sé cómo se las apaña pero se escapa, el mono se me escapa. El tío abre su jaula y se echa a la calle, a la plaza a tomar el sol, a estar con la gente, hablar con las niñas. Digo niñas porque también yo soy un niño, o porque no me gustaría crecer, ni que nadie creciera, se hiciera viejo, tú sabes, el rollo ése de estoy vivo, qué bonito que estoy vivo, y luego te mueres.
Lo que yo quiero es que el mono estudie las oposiciones, que sea profesor, que se esté quieto, que no hable, que no se distraiga en ciertas cositas que, si se enterara mi madre, no veas la que le iba a caer al mono: “¡La carrera de letras que hiciste! ¡Si tan chico no hubieras trabajado en bares!”.
Claro, los bares le gustan al mono, porque le gustan las mañanas de café y periódico, la gente, pasar los fines de semana a un lado y otro de la barra de cualquier bar.
Pese a todo y a quien le pese, visto lo visto, tampoco está tan mal. Al fin de al cabo, uno podría no saber que tiene un mono que domesticar aquí dentro. O lo que es aún peor, no saber que hay una pandilla de monos fuera, que están ahí jugando a no sé qué cosa, y no veas cómo se las gastan.
Lo que yo quiero es que el mono estudie las oposiciones, que sea profesor, que se esté quieto, que no hable, que no se distraiga en ciertas cositas que, si se enterara mi madre, no veas la que le iba a caer al mono: “¡La carrera de letras que hiciste! ¡Si tan chico no hubieras trabajado en bares!”.
Claro, los bares le gustan al mono, porque le gustan las mañanas de café y periódico, la gente, pasar los fines de semana a un lado y otro de la barra de cualquier bar.
Pese a todo y a quien le pese, visto lo visto, tampoco está tan mal. Al fin de al cabo, uno podría no saber que tiene un mono que domesticar aquí dentro. O lo que es aún peor, no saber que hay una pandilla de monos fuera, que están ahí jugando a no sé qué cosa, y no veas cómo se las gastan.
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