miércoles, 6 de julio de 2011

OTRA VEZ EL NIÑO QUE FUI

No hace mucho me entró un sentimiento muy sentido, la verdad, y me tomó el alma y me llené de exclamaciones. Si hubiera tenido un pañuelo o alguien a quien poner chorreando, es seguro que me hubiera arrancado unas lágrimas. Un río de lágrimas y venga a llorar como un niño, o a llorar como un hombre, que los hombres también lloran digan lo que digan las malas lenguas, todo el mundo llora porque esto es un infierno, un valle de lágrimas, y lo he escuchado tanto que no se salva ni dios, en este mar de lamentos hay mucha gente rezando lo mismo: “Qué pena más honda, qué tristeza más amarga, qué dolor más fuerte, qué poco consuelo”.

Pero si no lloras, no hay sed de agua, no hay deshidratación. Y yo no me deshidraté, lo más que hice fue escribirlo. Escribí aquel día que me habían robado la infancia. Y ahí estaba yo queriendo ser de nuevo un niño, entre exclamaciones estaba muy nostálgico del que fui, aquél que luego creció, el único niño que he tenido y que de verdad fue mío y de nadie más, mi niño, digan lo que digan mis padres, que seguro y como siempre algún objeto tienen que decir, alguna cosa siempre tienen que objetar.

Vuelvo y leo aquello. Dije: “¡Dios, si yo fuera un poco más imbécil!”. Bueno, en realidad esto lo dije antes. Lo que dije después y a lo que me estoy refiriendo ahora fue: “Dios, si pudiera ser otra vez el niño que fui”.

Esto lo dije no hace mucho. Y ahora voy a decir todo lo contrario. Porque me da la gana. Y si alguno me salta y me habla de coherencia, de rectitud, de orden, de claridad, de luz en las ideas, de pensamientos finos y seguros, pues allá él, me importa bien poco. Que me eche agallas de verdad y le quite el nombre a lo que escribí, que le ponga el suyo si es tan recto y ordenado como se cree, que soporte el peso de aquella conciencia que aquel día yo soporté. Por mí, encantado. Sería estupendo verlo girar alrededor de un sentimiento muy sentido, la verdad, cada uno se atrapa en el pasado que quiere, y si se quiere atrapar en mi pasado pues para él, para él para siempre.

Yo desde luego no me ahogaré en penas, me sonrío de todo esto. No olvido que cuando niño la felicidad tampoco estaba conmigo a todas horas. No todo era felicidad, no todo era armonía, no todo fue el placer cotidiano de la inocencia. Yo de niño tenía ya momentos de desolado cansancio, tenía desengaños y angustias, muchas noches no podía dormir de pura pesadilla.

Y si alguno me salta conque de niño fue feliz, me importa bien poco. La vida es otra cosa y camina siempre hacia adelante, digan lo que digan los muertos, los que viven atrapados en el pasado.

La felicidad es aquí y ahora. Y si no lo es ahora pues habrá que esperarla de aquí a un rato, un momento nada más. No tardará mucho.

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