Para hacer santos no hay un manual a modo de instrucción: primero hay que poner el ojo. Un buen santificador no sabe mucho ni falta que le hace. Qué va a saber un buen santificador. Sabe que no hay mejor santo que un santo muerto, así que lo suyo son las etiquetas, vestir santos toda su larga y etiquetante vida: tan sólo tiene que poner la bala.

La cosa va de balas, de flechas, piedras y símbolos religiosos, va de esto es tuyo y esto es mío, así es la historia.
Hablo de la Historia con mayúsculas, la que se escribe en los libros y nos obligan a memorizar en clase, hablo de las páginas sagradas del hombre. Nos dicen: “Con lo sagrado no se juega, con lo sagrado se aprende”. Y menos mal que esto es mentira, menos mal que siempre hay juegos que cruzan los tiempos en horario extraescolar.
Fuera de clase aprendí el ajedrez. Y el ajedrez me habló de la Historia, de la Historia con mayúsculas. El ajedrez no es santo de ninguna fe, pero con la excusa de que es un juego se sienta a la derecha de la santa madre historia, y acerca a los ojos del jugador quién es la santa, quién es la historia, y quién es la madre de todos los desmadres.
La cosa va de guerras, de reinos, de imperios. Y si tú y yo somos lo que somos y pasamos de todo este juego, pues ya lo estamos viendo en la partida: vivimos pero no estamos en los libros, no tenemos vela en este entierro.
Este entierro es cosa de reyes, de reinas, alfiles, caballos, torres y peones, muchos peones.
Hablo de la Historia con mayúsculas, la que se escribe en los libros y nos obligan a memorizar en clase, hablo de las páginas sagradas del hombre. Nos dicen: “Con lo sagrado no se juega, con lo sagrado se aprende”. Y menos mal que esto es mentira, menos mal que siempre hay juegos que cruzan los tiempos en horario extraescolar.
Fuera de clase aprendí el ajedrez. Y el ajedrez me habló de la Historia, de la Historia con mayúsculas. El ajedrez no es santo de ninguna fe, pero con la excusa de que es un juego se sienta a la derecha de la santa madre historia, y acerca a los ojos del jugador quién es la santa, quién es la historia, y quién es la madre de todos los desmadres.
La cosa va de guerras, de reinos, de imperios. Y si tú y yo somos lo que somos y pasamos de todo este juego, pues ya lo estamos viendo en la partida: vivimos pero no estamos en los libros, no tenemos vela en este entierro.
Este entierro es cosa de reyes, de reinas, alfiles, caballos, torres y peones, muchos peones.
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