
Si lees esto es porque me lo he pensado bastante y de todas las suertes al final jugué a no pensar, porque si lo sigo pensando todavía estaría ahí, en el callejón sin salida del “lo digo o no lo digo”, en el mundo de la razón y sus cositas razonables, ahogándome aún más la existencia con cosas que no se hacen, y si se hacen te callas porque no se dicen, tú sabes, cállate que estás más guapo.
A mí tu padre me importa un carajo. Grosera la forma en que lo digo, qué le vamos a hacer, pero al menos no resulto pedante y retórico, porque cuando parezco educado y comedido en todo me doy asco. Y no me gusta cuando me doy asco.
Como decía, a mí tu padre me la re, me la pam, me la repampimfla, sepa él o no que se quiere acostar contigo, le guste o no su vida, quiera o no para la tuya sus delirios de loco, que tengan en ti éxito lo que fueron todos sus fracasos.
Y me la repampinfla porque si yo te miro a los ojos y surge un hilo, una especie de luz hilvanada que nos atrae con fuerza, si sabemos los dos que sin besarnos ya nos estamos comiendo a besos, a qué viene la paradoja de que tu padre te quiere, de que te quiere mucho, pero que te quiere encerrada en su castillo de espinas, toda para él, sola para sus ojos.
A qué vienen todas estas bobadas, si en el fondo y no en el fondo, donde sea, basta mirarnos para saber que somos tú y yo, y sólo eso, todo el universo reducido a eso: a tú, a yo.
A mí tu padre me importa un carajo. Grosera la forma en que lo digo, qué le vamos a hacer, pero al menos no resulto pedante y retórico, porque cuando parezco educado y comedido en todo me doy asco. Y no me gusta cuando me doy asco.
Como decía, a mí tu padre me la re, me la pam, me la repampimfla, sepa él o no que se quiere acostar contigo, le guste o no su vida, quiera o no para la tuya sus delirios de loco, que tengan en ti éxito lo que fueron todos sus fracasos.
Y me la repampinfla porque si yo te miro a los ojos y surge un hilo, una especie de luz hilvanada que nos atrae con fuerza, si sabemos los dos que sin besarnos ya nos estamos comiendo a besos, a qué viene la paradoja de que tu padre te quiere, de que te quiere mucho, pero que te quiere encerrada en su castillo de espinas, toda para él, sola para sus ojos.
A qué vienen todas estas bobadas, si en el fondo y no en el fondo, donde sea, basta mirarnos para saber que somos tú y yo, y sólo eso, todo el universo reducido a eso: a tú, a yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario