
A mí no me gusta que me cuelguen, lo detesto, pero a un cuadro sí, un cuadro quiere pasar su vida colgado y siempre quiere una pared, paredes donde pasar la vida. Los cuadros no buscan trabajo, buscan casa donde vivir. Antonio vendió hace poco uno. Su precio fueron unos cuantos billetes y una caja de vino tinto.
Los billetes nos los bebimos. El tinto también.
El día que descorchamos la primera botella nos dio por ser buenos vecinos. Y como buenos vecinos fuimos a ver a la vecina: “¿Nos deja usted el sacacorchos?”.
La vecina nos lo tiene dicho, que ella está ahí para lo que necesitemos. Si queremos azúcar, pues azúcar, si queremos gloria, pues gloria, lo que queramos. Bueno, lo que queramos, queramos, no. “Todo menos sal”, dice siempre la vecina. Porque ya sabemos nosotros que ella es muy supersticiosa, que a ella la sal le trae mala suerte.
“Pídanos también usted lo que necesite”, le decimos nosotros. Y justo hemos dicho esto, siempre se nos viene a la cabeza algo que no le decimos: “Sal también, si necesita sal usted, pídanos sal también”.
Los billetes nos los bebimos. El tinto también.
El día que descorchamos la primera botella nos dio por ser buenos vecinos. Y como buenos vecinos fuimos a ver a la vecina: “¿Nos deja usted el sacacorchos?”.
La vecina nos lo tiene dicho, que ella está ahí para lo que necesitemos. Si queremos azúcar, pues azúcar, si queremos gloria, pues gloria, lo que queramos. Bueno, lo que queramos, queramos, no. “Todo menos sal”, dice siempre la vecina. Porque ya sabemos nosotros que ella es muy supersticiosa, que a ella la sal le trae mala suerte.
“Pídanos también usted lo que necesite”, le decimos nosotros. Y justo hemos dicho esto, siempre se nos viene a la cabeza algo que no le decimos: “Sal también, si necesita sal usted, pídanos sal también”.
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